Alfredo, y Álvaro y José Luis con alguna pequeña acotación, me explicaron concienzudamente la historia del castillo, la raíz de su importancia, y de paso, un poco de la otrora importante y convulsa historia de Caspe. No sé si puedo manejar toda la información de aquella noche. Pero más o menos esto es lo que saqué en claro. Perdonen el desorden. El castillo de Bailío, construido en el siglo XIII, baja edad media, de acuerdo, estuvo vinculado por siempre a la orden templaría de San Juan y a la Colegiata de Santa María la Mayor que linda y se confunde con él. A la iglesia ya venían a parar peregrinos venidos de distintos lugares, incluso de lo que ahora conocemos como Italia y Francia, por lo menos a partir del siglo XIII. Cuentan que aquí nació San Indalecio, uno de los peregrinos que siguió al Apóstol Santiago por España y uno de los que vieron aparecerse a la virgen en el Pilar en Zaragoza, su casa en el pueblo todavía sigue en pie, al lugar lo llaman “Callizo de la infanzonía”. Hasta aquí todo bien. Aviso. Nos adelantamos en el tiempo. Siglo XV, los Sanjuanistas ya han abandonado el lugar, el castillo de bailío sigue en pie, pestes, enfermedades, incendios de la iglesia, reconstrucción de esta en estilo gótico que se acerca a su aspecto final. La localidad de Caspe en su punto álgido, encrucijada y lugar de paso obligado en el vasto reino de Aragón, que crece y crece. Siglo XV, 1410, muere el rey Martin el humano sin dejar descendencia, gobierno vacío, miedo en la población e incertidumbre en las cortes del reino. Varios son los candidatos a ocupar su lugar. Los más fuertes: Fernando rey de castilla y el Conde de Urgell de Barcelona. A partir de aquí la unidad del reino está en peligro, intrigas palaciegas, lucha de favores. Los dos bandos están claros. La familia de Luna (partidarios de coronar al Conde de Urgell) asesina al obispo de Jaca (favorable a la proclamación de Fernando rey de Castilla). Voy a decirlo claro y alto. Crisis, amenazas de tomar las armas, un joven reino se enfrenta a una guerra. Por otro lado, afortunadamente, los contactos diplomáticos de figuras del clero como Fray Vicente Ferrer logran que representantes de todas las partes del reino (Castilla, Aragón, Barcelona y Valencia) acepten dialogar serenamente y reunirse en Alcañiz. Conjeturas en sacristías, mensajeros a caballo de un lugar a otro, conversaciones a sotto voce en los castillos y monasterios. Finalmente, acuerdan reunirse en la localidad turolense de Alcañiz para evitar una guerra que parece inevitable. Prosigo. Las conversaciones avanzan a duras penas, pero avanzan. Se acuerdan los términos de la futura negociación. Hace falta un lugar dónde reunirse, con buen entendimiento deciden que ese lugar sea la encrucijada del reino, Caspe, que cuenta con su castillo- palacio y es un lugar simbólico debido a su situación geográfica. Doce hombres, en su mayoría hombres de Dios, representantes de cada uno de los rincones del reino y con igualdad de voto decidirán el sucesor del trono de Martín el Humano, llegando así a una solución pacífica del conflicto, a estos hombres se los llamará compromisarios. Al buen juicio de estos se deja el destino del reino.
Caspe. año 1412. los doce compromisarios discuten y liman sus diferencias en favor del bienestar de sus pueblos y de su joven reino. Negocian, se enfadan, a punto están de romperse las conversaciones en más de una ocasión. El reino y sus habitantes siguen a lo suyo pero un silencio y un viento viciado como de un desgarro invade las calles y plazas, los mercados y los campos de cultivo, las dehesas y las aguas crecidas del Ebro. Los compromisarios mantienen conversaciones privadas entre ellos, luego todos juntos. Fray Vicente Ferrer se erige cómo el eslabón que mantiene unida la cadena hasta el final, no en vano es respetado y escuchado por todos los compromisarios. Los tiempos fijados para las negociaciones llegan a su fin. El pueblo se impacienta, los candidatos a la corona se impacientan, estallan los disturbios en varias localidades. Los compromisarios resuelven encerrarse en la sala principal del castillo de Caspe y no salir de allí hasta que lleguen a una solución. Fray Vicente tira, empuja, arrastra las buenas voluntades de los allí reunidos para llegar a una decisión final que sea la más favorable a las gentes del reino. Afuera, en la calle, bajo la iglesia, a pocos metros de dónde estábamos cenando, una muchedumbre entera contiene la respiración. De pronto, un anunció al alba se enciende y serpentea por todo el reino como la pólvora, las negociaciones han llegado a su fin. A los pies de la colegiata, Fray Vicente Ferrer, el hombre que luego será elevado a la santidad, proclama que se ha llegado a una solución pacífica y consensuada, y que será firmada y aceptada por todas las partes interesadas en el litigio. No habrá guerra, la sangre no se derramará, la corona de Aragón permanecerá unida, la palabra ha vencido a la fuerza, Fernando de Castilla es el nuevo Rey.
Después de está increíble y novelesca historia, que a decir verdad yo no había ni oído hablar en mi vida, la historia se convierte, cómo tantas otras veces, en un borrón negro y vergonzoso. El Castillo tendrá varios usos en los siglos venideros. Fortaleza, palacio para los nobles de la zona, o escenario de juegos infantiles. Sufre saqueos y actos vandálicos debido al abandono de las autoridades y al olvido de gran parte de sus vecinos. Sus salas en otro tiempo lujosas se utilizan como cárceles durante las guerras Carlistas. Más expolios de sus piedras, más abandono mientras algún Caspolino predica en el desierto recordando su glorioso pasado y maldiciendo su inefable presente. Pero todo, que parece dominado por esa ley no escrita pero sí muy española, irá a peor. Olvido y negación de su importancia histórica. Siglo XX, más expolio, la gente piensa en el comer y no en la memoria de las piedras, dicen quienes lo disculpan. Llega la república y todo sigue igual, el castillo es una cantera cómoda y cercana al núcleo urbano, más olvido, más vergüenza, más silencio. 1936. Con el levantamiento militar el castillo ya empieza a estar en auténtica ruina. Lo único que resiste en buen estado son las bodegas, la parte subterránea. Llega un bando, luego otro, y entre medio, se quema la iglesia y sus imágenes y retablos. También acaecen fusilamientos, hombres apresados por decir lo que pensaban o pensar lo que callaban o por no se sabe muy bien qué son encarcelados en las dependencias del castillo. Sus firmas y sus últimos pensamientos, me cuentan, permanecen allí, a la espera de caer con la última piedra. Una mañana con el cielo todavía oscuro los despiertan a golpes y los sacan de sus celdas. Los ponen enfrente de una pared de la calle hospital (que macabra ironía) con los ojos vendados. Se oyen a un lado y a otro de los rifles proclamas malgastadas al aire, ruido de disparos, pájaros huyendo en desbandada. Estas frases son adornos míos, licencias que por serlo no son menos ciertas. La guerra continua, llega el bando contrario a la ciudad, ajusticiamiento, más cárcel, más persecución, más noches frías en las celdas de Bailío, más inscripciones de desesperación en sus paredes, más mañanas de neblina apestando a pólvora, más silencio y dolor, silencio y dolor.