El paradigma de Vangvieng. Parte I: El ascenso

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Para entender la historia de Vang Vieng, un pequeño pueblo a caballo entre las dos principales capitales de Laos (Luang Prabang y Viantiane), no es necesario imaginarse paises lejanos ni empaparse de culturas ajenas, el mundo es hoy día más pequeño y las diferencias entre unos lugares y otros no son más que el telon de fondo de la historia que les voy a contar. una historia que podría ocurrir bien cerca de aquí, en Lloret de mar o en la polémica Magaluf. Una historia que a día de hoy podríamos dar por concluida, o por lo menos, en suspenso. Una historia de la que podemos sacar conclusiones valiosas. Una historia que ya no es una historia, sino un ejemplo, un paradigma, el paradigma de Vang Vieng.

Laos, como todo país del sureste asiatico que se precie, no es ajeno al turismo masivo y al hoy en día mal llamado “turismo mochilero”. Desde finales de los setenta empezaron a llegar turistas sobre todo provenientes de Australia y francia. No mucho después algún viajero llegó a Vang Vieng, una pequeña población dedicada a la pesca y a la agricultura. Bañada por el rio   Nam Song y salpicada por innumerables formaciones karsticas, Vang Vieng supone aun hoy día la postal soñada de la Asia rural. Estrechos caminos, pequeñas montañas selváticas, inabarcables llanuras de campos de arroz, serpenteantes rios, escondidas cuevas e impresionantes piscinas naturales convierten a Vang Vieng en uno de esos lugares mágicos que todo turista occidental desea conocer.

Vang Vieng pronto se convirtió en un destino obligatorio para todo aquel que visitara Laos, y el pueblo creció exponencialmente. La construcción hizo acto de presencia (deja vu) y los nuevos hoteles y restaurantes se sucedían ordenadamente en las calles de la población. La naturaleza de los alredededores, la espeleología y la escalada implementaron aun más el turismo en los 80 y los 90, sin que la llegada de los extranjeros supusiera mayores prejucios a los habitantes de Vang Vieng, más bien todo lo contrario, Vang Vieng era prospero y seguro que sus habitantes vivian algo mejor que el resto de sus compatriotas.

Pero unos años más tarde, con el abaratamiento de los billetes de avión y la buena coyuntura económica de los paises anglosajones, el turismo creció exponencialmente y apareció un fenómeno que aún perdura hoy día y que ha cambiado para siempre la industria turística de la región: la bajada sustancial de la media de edad del viajero. De repente, era posible ver a más y más viajeros  de poco más de veinte años moviéndose por libre por todo el sudeste asiático.

Los empresarios hosteleros de Vang Vieng se dieron cuenta del hecho y el turismo de naturaleza poco a poco derivó en un turismo de fiesta y borrachera (¿a que recuerda esto?). Poco a poco el boca a oreja y la llegada de internet pusieron a Vang Vieng en el punto de mira de mochileros ávidos de cultura y naturaleza, pero también deseosos de juergas baratas y fiestas en la playa.

Y entonces surgió el “tubbing”, actividad que colocó a Vang Vieng en un lugar de honor en la santísima trinidad de la fiesta mochilera, junto a Kao shan road en Bangkok y la fiesta de la luna llena de Koh Phangan.

¿y en que consiste, o consistía, el “tubbing”?.

El “tubbing” es un intento, a falta de playas paradisiacas como las de Tailandia o las interminables luces de neon de Bang kok, de aunar naturaleza y juerga. Para practicarlo solo hay que acudir al centro de empresas de tubbing que se encuentra en la calle principal de la localidad y alquilar una gran llanta de camión y un billete de ida a la zona alta del río Nam Song. Por unos ocho euros, neumático incluido, un pequeño camión te lleva a unos kilometros de la localidad, a una pequeña playa fluvial acondicionada para el baño con un pequeño muelle y un chiringuto. Allí empieza el descenso por el río sobre una llanta de camión. El descenso es tranquilo debido a las mansas aguas del Nam Song y los paisajes, que empiezan en un bosque cerrado casi selvático para acabar en espacios más abiertos, son bellísimos. Tras unos pocos minutos de “travesía” se acaba la tranquilidad y el piar de los pájaros y el mugir de las vacas es sustituido por música techno sonando a todo volumen. Los bares empiezan a sucederse a lo largo de la ribera. Son bares, más bien discotecas de bambu y madera, cuya entrada principal esta en el río. En los muelles de cada bar los jovenes camareros laosianos enseñan carteles con leyendas del tipo. “1 beer= 1 joint free!”, “2×1 all shots”. si te convencen los precios del bar o empiezas a tener sed haces una señal a los empleados del muelle y ellos te tirarán una cuerda para que puedas agarrarte a ella y llegar hasta el muelle y consumir lo que te plazca. Cerveza, whisky, vino, incluso en algunos locales hay una carta “secreta” con todo tipo de drogas, incluido el opio. Algo que yo pensaba que sería una leyenda urbana y que de leyenda tiene bien poco.

Como todos podemos imaginar, las juergas eran de infarto. Una mezcla entre la fiesta Ibizenca y un “mas de la punta” tropical. Cientos de jovenes, casi todos “guiris” o “phanangs” como se les llama aquí, desfasando como nunca en un lugar de ensueño, rodeados de una naturaleza encantadora, algo que ni la mejor discoteca Europea puede ofrecer.

Y además de alcohol y drogas, tirolinas y toboganes a lo largo del río. El acabose.

El “tubbing” tiene su otro lado más amable, en la propia Vang Vieng. Si bien la juerga se situaba en el río, el centro urbano era más tranquilo y comedido gracias a sus bares de “friends”, y no es que los bares estuvieran llenos de colegas, que también, sino que son bares cuyo principal atractivo es la emisión de episodios de friends ininterrumpidamente. Tanto éxito tuvieron estos bares, que hay una calle entera llena de este tipo de locales. Anque hoy en día ya hay locales de “Padre de familia” o de “South park” y “Los simpsons”. En estos locales también existía la opción de pedir la bebida o la pizza “happy”. Es decir, con suplemento de marihuana. En definitiva, son bares para cenar, echar una partida de billar, tomar un delicioso batido de frutas o simplemente colocarse mientras ves “friends”.

El momento más álgido de Vang Vieng llegó antes del crack económico del 2008, pero logró superar el bache debido a sus insuperables precios, resultando ser de lo más barato de todo el sureste asiático (una habitación individual de hotel puede costar de 4 a 6 euros la noche y medio litro de cerveza no llega al euro, el alquiler de una bici para explorar la zona no debería costar más de 2 euros al día). Pero no todo iba a durar para siempre, y los problemas pronto llegaron al paraíso.

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